Introducción a mi tesina sobre Arteterapia Transdisciplinar

Te regalo aquí la introducción a mi tesina sobre Arteterapia Transdisciplinar. ¡Qué la disfrutes!

ARTETERAPIA TRANSDISCIPLINAR

“Pero a veces, en el momento en que todo parece perdido, es cuando llega la advertencia que  puede salvarnos; hemos llamado a todas las puertas que no dan a ninguna parte, y  la única en la que podríamos entrar y que hemos estado buscando en vano durante años,   nos encuentra sin nosotros saberlo, y se abre” (Proust)

“A Maestr@s, compañer@s, creador@s de metáforas ,
incansables buscador@s de sueños,
a l@s que se atreven a crear mundos nuevos ,
nombrándolos.
A l@s que se plantaron en la tierra para renacerse,
a l@s que fueron mariposa.

Después que se habían adentrado en sus bosques oscuros
y se vieron desnud@s y sin máscara,
y tuvieron miedo
y aún así siguieron siendo
incansables tejedor@s , creador@s de sus sueños.”

1.Previos: sobre el  arte  y  la terapia

Propongo una introducción teórica  que se estructura como una pequeña investigación personal para desplegar qué ha significado para mi el arte terapia, en particular en su aplicación en las prácticas realizadas en el  ámbito de la  salud, la educación y la terapia personal y en  mi propio  proceso. El texto se teje alrededor de un  nudo primero que formula una pregunta:  ¿qué  entiendo por  arte terapia?, ¿por qué el arte es terapéutico? si el arte cura, ¿cómo cura?

Tirando del hilo  de lo orígenes antropológicos del arte, descubrimos  el arte no sólo como producto artístico, que se exhibe, consume y disfruta  en los museos, en los teatros, en los libros,   sino y sobretodo, el arte en tanto capacidad  de crear, inventar, imaginar, expresar, nombrar: “poéticamente habita el ser humano  la tierra”, canta el verso del poeta Holderin.  En esta dirección, recojo las ideas del antropólogo Ramón Viñas en el recuperar la visión del hombre y la mujer como esencialmente creadores. Atendiendo al papel del arte en el proceso de humanización (el arte permite crear un mundo simbólico, inventar cosas, transmitir ideología)  y a las múltiples funciones que cumple (estéticas, comunicativas, educativas, terapéuticas, transformadoras, expresivas, cognitivas, creativas y heurísticas), podemos decir sobre el arte que es la manera que tenemos de estar en el mundo.

En contraste, a mayor sofisticación y especialización del saber, parece que la producción artística se ha reservado al disfrute de personas con un talento especial,   dejándonos a la mayoría el papel secundario, triste, de consumidores de un producto artístico cerrado, bendecido por el “mainstream”, etiquetado en el mercado como “arte”.  En este sentido, dice Pat B. Allen: “ La pionera del arte terapia, Edith Kramer, sugiere que esta forma de terapia ha surgido para llenar el vacío creado conjuntamente por la naturaleza drenante del trabajo actual y la desaparición de la tradición del arte popular de participación, que ha sido substituida por un concepto del esparcimiento que reduce al sujeto al papel del espectador.” (Allen, 1997, p.13)

El arte terapia nos devuelve el espacio físico e ideológico en el que recuperamos aquello que nos constituye como seres humanos, la capacidad y el goce de crear, y  no solo de asistir a la creación del “otro”. El goce  de crear  jugando, sintiendo, participando,   no sólo en un medio artístico sino en el inagotable y mágico paso de un medio a otro; paso que despliega  sentidos y  sentires nuevos. La  voz de Allen me susurra al oído: “ El arte como vía de conocimiento constituye un retorno a la participación directa en la vida”. (Ibid, 13)  Y pienso si es  en el darse cuenta y en el tomar esa cualidad esencial del ser humano, cuando empieza a suceder   lo curativo.   Somos creadores, con un potencial  enorme aún por descubrir,   más que  espectadores pasivos y   consumidores insatisfechos. Si podemos crear nuestra vida con la fuerza y la pasión con la que llenamos de color y emoción   el papel, y dejamos que esa emoción-color se convierta en las alas de una danza y un poema grupal, estaremos iniciando un proceso artístico y vital, de toma de conciencia y poder sobre la propia vida.     En el espacio arte terapéutico, ante una mirada atenta, se superponen una multiplicidad de espejos  lúcidos, resonantes, astutos, tiernos. Un lugar dónde vernos sin ser juzgados. En ese darse cuenta creando,   empezamos un camino  hacia la vida como obra de arte.

En consonancia nos llega  el texto de Rolnik sobre el arte y la cura cuando dice: “la cura tiene que ver con la afirmación de la vida como fuerza creadora, con su potencia de expansión, lo que depende de un modo estético de aprehensión del mundo. Tiene que ver con la experiencia  de participar en la construcción de la existencia, lo que —según el psicoanalista inglés Winnicott— da sentido al hecho de vivir y promueve el sentimiento de que la vida vale la pena ser vivida” (Rolnik, 2001, p.10)

El arte como vía de conocimiento y transformación

“Creo que el teatro debe traer felicidad, debe ayudarnos  a conocer mejor nuestro tiempo y a nosotros mismos. Nuestro deseo es conocer mejor el mundo en el que vivimos para poder transformarlo de la mejor manera. El teatro es una forma de conocimiento y debe ser también un modo de transformar la sociedad. Puede ayudarnos a construir el futuro, en vez de  esperar pasivamente a que  llegue.  (Boal, 2008, p.23-24)

De la mano  de Augusto Boal, tiro de otro hilo  que tiene que ver con la concepción del arte como vía de conocimiento y transformación,   y que tiene su origen en la etimología  del  término griego “poiesis”. Boal habla del teatro y de lo social; igualmente válido me parece para el arte terapia y para,   desde lo individual, desde el conocimiento y transformación de uno mismo, llegar a la transformación de lo social.

Encuentro  navegando en la web, moderna biblioteca:  El termino “poiesis” deriva etimológicamente del antiguo término griego ποιέω, que significa “crear”. Esta palabra, la raíz de nuestra moderna  “poesía”, en un principio era un verbo, una acción que transforma y otorga continuidad al mundo.  El origen etimológico de la poesía,   como acto de crear y transformar, dando forma  y sentido al mundo,    nos sirve para  continuar  hilvanando  la concepción del arte que da cuerpo al  espacio terapéutico y vital  que nombramos arte terapia.

Interesante  me parece el matiz que le añade Heiddegger  al  término “poieis”, cuando se refiere   a él como “alumbramiento”. El alumbramiento, nos dice el diccionario, es la acción y el efecto de alumbrar, de  poner luz y entendimiento, es decir, de comprender, y es también el acto de dar a luz una vida nueva.

Heidegger describe el alumbramiento poético  “como el florecer de la flor, el salir de una mariposa de su capullo, la caída de una cascada cuando la nieve comienza a derretirse”,   habla  de ese momento mágico como un momento de   éxtasis que se produce cuando algo se aleja de su posición como una cosa para convertirse en otra.  El éxtasis de dejarse morir para alumbrarse en algo nuevo. Y el goce del conocimiento que trae el tránsito.

Ese me parece el reto para esa parte de nosotros que se resiste al cambio, a no querer dejar el  lugar seguro y cómodo del espacio conocido,   ¿y si  recordáramos que  hay éxtasis, gozo, placer en ese transformarse? Escucharemos  con más atención cuando seamos llamados  a crearnos de nuevo,   como dice Levine[1],   nos dejaremos abrazar  con menos resistencia cuando oigamos el rumor del fuego que,   como nos cuenta el escritor  Abilio Estevez,    se anuncia como  la alegría de aquello que ha de venir a transformarlo todo.

Por último,  pienso que siguiendo la idea de “poiesis” como esencia del acto creativo,   el matiz que le da  Heidegger,   enlazándola  con el momento de la transformación, nos indica en el trabajo arte terapéutico, el momento mágico,   alquímico, en el que una transformación externa en los materiales anuncia  una transformación interior, un paso de un contenido inconsciente a uno consciente, la liberación de una emoción,   una toma de conciencia en ese alumbramiento hedeiggeriano

El arte y la creación del sentido de la existencia

“… cuando digo el Arte, tengo que aclarar a qué me refiero: no estoy hablando sólo de las grandes obras de los maestros. Ni siquiera por Vermeer le tengo apego a la vida. Su obra es sublime pero está muerta. No, yo me refiero a la belleza en el mundo, a lo que puede elevarnos en el movimiento de la vida. El diario del movimiento del mundo lo dedicaré pues al movimiento de la gente, de los cuerpos, o, incluso, si de verdad no hay nada que decir, de las cosas, ya encontraré en ello algo lo bastante estético como para darle valor a mi vida. Gracia, belleza, armonía, intensidad. Si encuentro esas cosas, entonces quizá reconsidere las opciones; si encuentro un movimiento bello de los cuerpos, a falta de una idea bella para el espíritu, entonces quizá piense que vale la pena vivir.” (Barbery, 2010, p.35)

La joven protagonista de  la novela francesa “La elegancia del erizo”, ante  la falta de sentido de la existencia, decide fijar una fecha ineludible  para su muerte. A no ser que a través del arte consiga impregnar de sentido su vivir. Este párrafo se hilvana en este texto-indagación   cuando ella habla  de un forma de arte que me hace pensar en el arte terapia, y no es por quitarle mérito a la obra Vermeer en los museos, tenemos mucho que aprender de los artistas, es por no quitarnos mérito a nosotros mismos como creadores. Ella intuye que el arte que podría dar sentido a la vida no es un producto sino sobre todo un proceso, una mirada; una  mirada  atenta y creadora que percibe la  belleza del mundo, en el movimiento de los cuerpos, y a esa búsqueda dedica los meses que le quedan hasta esa fecha. Belleza no en sentido de “bonito” sino de estético, en cuanto experiencia que conmueve, sacude, revela, transforma….

Las palabras de la protagonista de la novela, Paloma,   tienen que ver conmigo. Recuerdo  mi tránsito de la infancia a la adolescencia como la entrada a un nuevo mundo al que no soy capaz de dar sentido.  Estoy buscando, como si la respuesta  me fuera a llegar de fuera, de un sabio, de un libro, de un maestro. Construyo mi  bote de salvación escribiendo, escribiendo para entender, para crear sentido, casi la escritura en el lugar de la vida. Tendré que esperar a transitar  un espacio  arte terapéutico para que la  búsqueda  sea una creación de sentido respaldada y  acompañada por el otro.  Pienso ahora cuan distinto  hubiera sido para mi  si  el espacio arte terapéutico hubiera estado presente en el sistema educativo, en la escuela, en el instituto,   aunque fuera en un  sola clase; si  las clases de artes plásticas no hubieran sido  sólo una  forma desnuda y desalmada de medir  la perspectiva de una catedral. Más me  sirvieron para la vida las indicaciones de  una profesora en la guardería de hablarle a los tulipanes para que  estuvieran contentos y se volvieran aún más rojos que toda la retahíla de conocimientos masticados  que digerí como pude en la primaria y secundaria.  Dónde estaba el aprendizaje más importante, el  arte de ser feliz, el arte de  conocerse y amarse,   lidiar con el conflicto, tolerar la frustración, aceptar el error, saberse creativ@, capaz, con múltiples recursos…

Una  visión interesante sobre la asociación entre arte, medicina  y  creación de sentido nos la trae el  artículo de Ana Hernández Merino  en el cual  habla sobre el origen del arte terapia en Inglaterra y   lo enlaza con  algunas experiencias de arte  realizadas en España  con los niños durante la guerra civil. El arte, el dibujo infantil en su estudio,   se revela  como elemento facilitador de sentido, como herramienta para trazar “lo que la palabra no podía nombrar”,   como  material para construir “puentes que pueden procurar una reparación de una realidad traumática” y  como “una de las mejores medicinas  para el dolor psíquico” (Hernández, op.cit., p.80)

Levine,   trazando los puntos de  alianza entre la piscoterapia y el arte, nos dice:  “La psicoterapia es una forma de arte en cuanto permite   organizar el material crudo, sin procesar de la vida,   y darle  forma  en una totalidad con sentido”. (Levine, op.cit., p.4 )

Así llegamos al psicoanalista Winnicott, que se cita  a menudo para fundamentar  la práctica y la disciplina del arte terapia,   por el énfasis que pone este psicoanalista en la creatividad, en la percepción creadora,    para la salud psíquica. Creatividad,    a través del juego, de la capacidad de jugar, que se produce naturalmente en el niño y la niña y se recupera, si se ha perdido, en el adulto. Interesante para nuestro tema la vinculación que hace el  psicoanalista entre la creatividad  y la salud por un lado,   y el acatamiento, o el vivir amoldándose a algo ajeno  con la enfermedad por el otro:

“Lo que hace que el individuo sienta que la vida vale  la pena de vivirse es, más que ninguna otra cosa, la  percepción creadora. Frente a  esto existe una relación con la realidad exterior que es relación de acatamiento; se reconoce el mundo y  sus detalles pero solo como algo en que es preciso encajar o que exige adaptación.  El acatamiento implica un sentimiento de inutilidad en el individuo, y se vincula con la idea de que nada  importa y que la vida no es digna de ser vivida (…).  Esta segunda manera de vivir en el mundo se reconoce en términos psiquiátricos como una enfermedad.  De uno u otro modo, nuestra teoría incluye la creencia de que vivir en forma creadora es un estado saludable y que el acatamiento es una base enfermiza para la vida.” (Winnicott, 2008, p.93)

También Sorín vincula  creatividad, salud y aprendizaje. Es decir el aprendizaje como capacidad transformadora de la realidad y  no solo de adaptación,   de “acatamiento” estaría detrás de ese vivir creativo y saludable.  Es la capacidad de prender la que nos hace estar dispuestos al cambio, a lo nuevo que acontece instante  tras instante:

“Existe pues un vínculo entre la enfermedad y  el  “ no aprender”  que conduce a respuestas alienadas, así como lo hay entre salud y aprendizaje, en la medida que éste nos conduce a un vínculo autónomo, activo y transformador con la realidad, que es la máxima expresión de salud psíquica.”(Sorín, 1992, p.34)

Entender y transformar salud y enfermedad

“Si quieres ser todo,
acepta ser parte.
Si quieres ser recto,
Acepta ser torcido.
Si quieres ser pleno,
Acepta estar vacío.
Si quieres renacer,
Acepta morir” (Tse, 2003, p.23)

Los autores de “Medicina humana”  hablan  de la concepción que tenemos en la sociedad occidental moderna de las nociones de salud y enfermedad como relaciones de un binomio opuesto. Se persigue  a toda costa conseguir la salud y evitar la enfermedad. Seguro la industria farmacéutica va llenando sus arcas gracias a nuestra  necesidad  de  evitar, esconder, eliminar el dolor, el síntoma,   la  enfermedad, la muerte.

Los autores rescatan  una interpretación más profunda de la salud humana, tomando como punto de referencia el pensamiento del filósofo Gadamer y la filosofía hermenéutica, interpretación que me recuerda al pensamiento taoista, como  lo recoge el Tao Te King en relación a la noción de polaridad que  implica relación más que oposición. De manera similar, el pensamiento taoista explica los conceptos del ying y el yan, principios que se manifiestan en todo lo que hay, noche y día,   ligero y pesado, duro y suave etc.   no como polos opuestos sino como polaridades que forman parte de una misma unidad.  Entonces, se necesita al uno para definir al otro:  así como la noche contiene  en si un poco del día hasta que llega a ser pleno día , y  así como la noche contiene en si una semilla de día que va creciendo hasta ser pleno día, las nociones de salud y enfermedad no están separadas sino que forman parte una misma unidad. Por eso dicen los autores que  se puede “dar la paradoja de que uno sane precisamente porque está enfermo” (Hess & Hess-Cabalzar, 2001, p.22) Entiendo que la paradoja consiste en sostener la posibilidad que se sane  una herida profunda manifestada en un síntoma superficial. Eso sólo puede suceder en un  pensamiento que acoge la paradoja y lo que molesta e incomoda, como  parte de la vida  y no como su opuesto.

Dice Levine: “El sufrimiento psicológico es intrínseco a la condición humana; en este sentido la piscopatología es normal. La tarea de la terapia no es eliminar el sufrimiento sino darle voz,   encontrar una forma en la que pueda ser expresado. La expresión es en ella misma una forma de transformación; este es el  mensaje que nos trae el arte.[2] (Levine, op.cit., p. 15)

Finalmente, me interesa recoger de nuevo el pensamiento de Winnicott para apuntar hacia esa comprensión  de la salud y la enfermedad   no como polos opuestos sino como nociones  relativas, cuestionables, y  por lo tanto,   susceptibles de ser demolidas y creadas de nuevo, como nociones más cercanas a lo que es, a lo que va siendo, y  más alejadas de nociones fijas en un sistema de valores pre-establecido:

“Tiene suma importancia para nosotros que en el plano  clínico no encontramos una clara línea de separación entre la salud y el estado esquizoide, o aun entre aquella y la esquizofrenia plena. (…) Las personas pueden vivir una vida satisfactoria, y aun realizar tareas de excepcional valor, y sin embargo ser esquizoides o esquizofrénicas. Pueden estar enfermas en un sentido psiquiátrico a consecuencia de un escaso sentido de la realidad. Para afirmar esto sería preciso afirmar que existen otros arraigados con tanta firmeza en la realidad percibida de manera objetiva, que son enfermos en el sentido contrario, es decir, en el de no tener contacto con el mudo subjetivo  y con el enfoque creador de la realidad. (Winnicott, op.cit., p. 94-95)

Arte en salud mental

Parte importante de mis prácticas las  realizo en el ámbito de la salud mental, por eso rastreo ahora experiencias previas que puedan servirme de inspiración para seguir en este poner palabras a mi experiencia,   a este vivir el arte terapia en el cuerpo, en el ahora, para mi y  para el otro, el grupo, la comunidad.

Aparecen en mi tapiz la “Colección Prinzhorn” y el “Art Brut”, a parte de  la cercana experiencia de la psicóloga y arte terapeuta  Judith Martínez y la Fundació Psicopedagògica d’Osona  en su exposición  “Parejas artísticas”. Experiencia de creación  de a dos, en el encuentro de un artista “profesional”  con una artista de vida.

Sobre  la Colección Prinzhorn,  recojo de la Wikipedia: el interés, hacia fines del siglo XIX, de psiquiatras europeos por las producciones plásticas de pacientes mentales: Destaca aquí el aporte de Hans Prinzhorn, psiquiatra vienés, que consideraba la motivación creativa como una motivación básica de la especie humana, y que toda creación albergaba un potencial de autosanación. Creó la Colección Prinzhorn,   que alberga las obras de pacientes mentales de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Heidelberg. Su obra fue de gran influencia en la formación de personas que posteriormente contribuyeron al surgimiento del arte terapia. También Mcniff  menciona la colección y nos dice que:  “Prinzhorn sintió que los trabajos de arte espontáneos de los pacientes eran la erupción de una urgencia creativa universal. De las condiciones de aislamiento de las psicosis, imágenes sorprendentes surgían para acompañar al alma en su viaje de regreso a casa[3]”. (McNiff, 1992, p.16)

Las obras de los artistas de los hospitales psiquiátricos, tuvieron impacto en  la escena artística del momento.  El pintor Dubuffet, inspirado por el libro de Prinzhorn,   inventó el término “Art Brut”   para el arte producido por no profesionales y que crean fuera de las normas estéticas del momento y la tradición,   arte producido por pacientes psiquiátricos, prisioneros y niños.  El artista marginal (traducido del inglés “outsider art”)  es aquel que crea sin contacto con las instituciones artísticas establecidas, respondiendo a una fuerte motivación interior, y a menudo utilizando materiales o técnicas inéditas. (Wikipedia)

Dubuffet afirmaba que todos llevamos un  potencial creativo, a menudo adormecido por las normas sociales, la educación etc. El papel del arte terapia en la educación, y en cualquier ámbito, sería despertar ese potencial creativo. Dubuffet no hablaba de arte terapia, pero  el tipo de arte que busca,   más expresión genuina de la persona que objeto creado en una tradición,   y siguiendo unos criterios de “belleza”, tiene mucho en común con el arte terapia. Dubuffet encontraba esta forma de arte en las personas que la sociedad coloca al margen, en psiquiátricos o cárceles, ya que ellos pueden crear también al margen de la norma.  Y en  buscar para un tipo de arte más genuino  se está  potenciando  la producción artística    para la salud  y la inclusión social. Por eso Prinzhorn y Dubuffet están en este tapiz  junto con Judith Martínez y tantos otros que no me salieron al encuentro pero que están de  todos modos.

El  nacimiento del arte terapia en sentido moderno

La arte terapeuta Ana Fernández remarca la figura del pintor Adrian Hill como  precursor  del arte terapia cuando estuvo convaleciente en la década de los 30 en un hospital inglés. Allí encontró el modo de superar las largas horas de espera en el hospital a través de la pintura y esa fue su mejor medicina. Él mismo animó a otros pacientes a que pintaran y de esta manera, las experiencias artísticas se fueron extendiendo por los hospitales de la Cruz Roja Británica, construyendo un alivio para las largas convalecencias de las heridas en los hospitales durante la 2ª Guerra Mundial. (Fernández, 2006, p.83)

La sistematización del arte terapia se produce en diferentes lugares a principios del siglo  XX. Según la arte terapeuta Pat Allen, el arte terapia empezó cuando una serie de personas de distinta formación y procedencia inventó o descubrió formas de  poner  el arte al servicio de los demás.  Los pioneros  trabajaron con niños en instituciones (Kramer), con internos en sanatorios psiquiátricos (Naumburg, Ulman y Dachinger), y  con los residentes de los pabellones olvidados de los hospitales públicos (McNiff).  (Allen, op.cit. p.11)

En Estados Unidos,   Margaret Naumburg publica  en 1947 “Free Art Expression of Behaviour Disturbed Children as a Means of Diagnosis and Therapy”. Naumberg fue pionera en la utilización del arte de manera sistemática dentro de su trabajo como psicoanalista. Para Naumburg,   la fuerza curativa del arte  reside en el hecho de que los pensamientos y sentimientos más profundos del  ser humano, procedentes del inconsciente, consiguen su expresión en imágenes mejor que en palabras.

El arte puede expresar  lo que  no podría ser expresado  a través de  la palabra  que vehicula el espacio de la lógica y de lo racional, quizás por ser  vivencia no procesada, dominio aún del inconsciente,    por demasiado dolorosa o contradictoria  para que pueda tomar forma en la palabra común. En contraste, el arte tiene el privilegio de poder  acoger la paradoja, lo inexplicable,   pues la imagen  permite el misterio, revela y oculta  al mismo tiempo.

A finales de 1950, Edith Kramer (Viena, 1916), otra de las grandes figuras del arte terapia, que había sido testigo del trabajo que, en el campo de concentración de Terezin, había llevado a cabo con niños Friedl Dicker-Brandeis, comenzó a trabajar como arte terapeuta con los niños de la Wiltwyck School en EEUU, promoviendo una orientación que, si bien como la de Naumburg tenía su base en las teorías psicoanalíticas, al focalizar su trabajo, no ya en los contenidos inconscientes, sino en la capacidad terapéutica de la propia práctica artística, se distanciaba claramente de ella.

Orígenes del arte terapeuta: ¿mago o chamán?

“ – Medicina. Arte. ¿Qué fue primero?

– La magia. La magia es el tronco común del que se separaron las ramas de la medicina y el arte.

– ¿El mago fue artista y médico?

– Era el chamán: mediante cánticos, salmodias, melopeas, recitaciones, percusiones rítmicas, palabras… accedía a un trance clarividente: diagnosticaba, viajaba al otro mundo y sanaba, en su lógica, recuperaba  el alma perdida del paciente”(Szczeklik, 2010, p.72)

 

Me sorprende esta  entrevista a un médico en la contra de “La  Vanguardia”, en motivo de la publicación del libro “Catarsis. El  poder curativo de  la naturaleza y  del arte”. Me sorprenden estas palabras dichas por un médico  en el marco de  un sistema  especializado y hecho parcelas, donde el médico que trata cualquier síntoma es, por lo general, incapaz de relacionar el síntoma con la persona en su conjunto. Reconforta al corazón oír que  algunos médicos todavía tratan a la persona en su complejidad y  tienen en cuenta  no sólo las prescripciones farmacológicas sino, por ejemplo, el concepto griego de la “karité”, es decir,   “la empatía del médico con su paciente,   la capacidad del sanador  para sentir necesidades del enfermo y de actuar para aliviarle” (Ibid, 73).   Y además  de reconfortar,   introduce la idea de  que la alianza entre arte y medicina es antigua. Como nos dice Capdevila:

“ La medicina y el arte se unieron en el “arte de curar”: la práctica de los antiguos médicos  de la medicina orpheica se entendía como integradora, “medicina de arte” basada en los principios antropológicos del ser creativo, poniendo de manifiesto que el “bien-estar” del cuerpo, del alma y del espíritu, tienen mucho que ver con la alegría,   el placer de los sentidos y con la posibilidad de activar la libre expresión corporal, anímica y espiritual”. (Capdevila, 2011, p. 14)

Algo parecido transmite el arte terapeuta Mcniff Shaun cuando  dice que  a través de las imágenes el alma se expresa y encuentra  el camino de regreso a casa. Entendiendo  por imagen no como el producto cerrado que se bombardea en los medios y la publicidad, sino como   creación interior y personal, subjetiva y en constante transformación,   de un mundo simbólico propio.

Si los orígenes del arte terapia son tan antiguos como los orígenes de la humanidad, parece  razonable que  busquemos  un antecedente del arte terapeuta en civilizaciones antiguas. Levine y Mcniff buscan recuperar  al chaman  como antecedente del  arte terapeuta,   por la creación de un espacio estético y sagrado, ritualizado y por el uso de medios  artísticos para conectar con  fuerzas curativas y  creativas para sanar:

“Si nos dirigimos hacia las artes para la curación, estamos  redescubriendo una tradición antigua. En las sociedades tempranas y en las culturas indígenas, toda curación sucede a través de medios rituales. La música,   la danza, el  canto, contar historias, hacer máscaras, la creación de un imaginario visual, y la recreación de la mitología son todos  los componentes de un proceso de comunidad en el que se da forma al sufrimiento.”[4] (Levine, 2001, p.10)

Entonces,   parece tener sentido buscar nuestros orígenes en los primeros chamane y chamans , y  pensar en el/la arte terapeuta  como artista   no sólo por el  uso de medios artísticos  como medio de exploración, expresión y transformación,   sino también por  el uso de la potencia “poiética”, de creación de mundos  con el pensamiento y la imaginación, creación intencionada desde el deseo,   desenmascarando “mitos familiares”, patrones, creencias  heredadas, prisiones del pensamiento, y forjando espacios de libertad y resistencia.

 

El/la arte terapeuta como artista

Parte  importante de mis prácticas las realizo  en terapia individual,   por ello dedico  un espacio para  investigar sobre  la  construcción del/la arte terapeuta y del espacio arte terapéutico en el contexto particular de terapeuta/cliente. Para empezar, me pregunto qué palabras describen mejor la relación terapéutica.  Como dice  Yalom: “ Aunque  hay muchas frases para la relación terapéutica (paciente/terapeuta, cliente/consejero, analizado/analista, cliente/facilitador (…)ninguna de ellas expresa  ajustadamente mi sentido de la relación terapéutica.  Prefiero  pensar en mis pacientes y en mi mismo, como “compañeros de viaje”, término que rompe la distinción entre “ellos” (los afligidos)  y “nosotros” (los sanadores).”[5] (Yalom, 2010, p.7)

Entonces, usaré  “terapeuta” y  “paciente”  con ese matiz de proximidad y humanidad que le da Yalom a una relación particular en que la distancia no se  construye como barrera  artificial sino como parte de un marco necesario para que  la terapia funcione.

De Yalom recojo también la importancia de crear un  encuadre de confianza y seguridad,   encuadre que se aleja de técnicas prefabricadas  y se instala en el “aquí y ahora”,   en un encuentro único con cada paciente.  En palabras de Yalom: “ Intento evitar técnicas prefrabicadas  y me va mejor si permito que mis decisiones fluyan espontáneamente de las demandas de la situación clínica inmediata . Creo que las técnicas son facilitadoras cuando emanan del encuentro único del  terapeuta con el  paciente”[6] (Ibid, p.35)

De forma parecida Levine  apunta como tareas del arte terapeuta el  formar el encuentro terapéutico, ser sensibles a la experiencia del momento  (tener desarrollado el  cuerpo vibrátil), escuchar,   intuir lo latente, el potencial del paciente, así com acompañar y  trabajar con la capacidad imaginativa de la persona. En su palabras:

“Para ser efectivos, los psicoterapeutas deben soltar la teoría y permanecer sensibles a la experiencia del momento. Su tasca es la de dar forma  al encuentro terapéutico  y facilitar en el paciente la liberación de la imaginación. Los buenos terapeutas están abiertos a la metáfora y al símbolo; y escuchan con una “tercera oreja” que escucha aquello que no se dice: ven el potencial para el desarrollo de la persona y son  animados  por esas posibilidades invisibles.”[7] (Levine, op.cit, p. 49)

De Winnicott  recojo la importancia del juego  como espacio y motor de la capacidad creadora, en la que el/la paciente toma el material de su vida y le da forma:  “En el juego, y solo en él, pueden el niño y el adulto crear y usar toda la personalidad, y el individuo descubre su persona cuando se muestra creador” (Winnicott, op.cit, p.80)

De Sorín tomo las ideas  en relación a la vivencia estética como construcción de un  puente  que va de  “lo siniestro a lo maravilloso”   (en el trabajo parte de mis prácticas con un paciente, Sara,   lo siniestro aparece ante “el sentimiento de profunda soledad”), y a través de la “elaboración consciente”, y la “elaboración estética”, en la que hay “contención afectiva y amparo” y “se recurre al humor”.  (Sorín, op.cit., p 270)

Y sobretodo, tengo en cuenta  la particularidad de nuestra formación en cuanto toman  importancia: el rol del arte como lo tercero en la terapia (de manera que no sólo es importante el vínculo entre terapeuta y paciente, sinó  también el diálogo que  se establece con la obra de arte),   y  la potencia del transfer artístico de un medio a otro, en  la búsqueda de la obra de arte total y  en la  construcción de la vida como obra de arte.  Así voy anindando apendizajes y construyendo puentes y escaleras, y  abriendo senderos surcados por los que andar con los sentidos redescubiertos; creadora de mundos, dadora de semillas,   siempre en búsqueda, siempre en danza.

NOTAS

[1] “Poiesis, the creative act, occurs at the  death and re- birth of the soul. The integration and affirmation of the psyche are one and the same. But this new identity only lives in the actuality of the  creative process.  We are called upon constantly re-form ourselves” (Levine, 2001, p.xvi) (Traducible: “La poiesis, el acto creativo, ocurre  con la muerte y renacimiento del alma. La integración y la afirmación del alma son una y la misma cosa. Pero esta nueva identidad sólo vive en el proceso  creativo. Somos llamados   a un constante  re-hacernos. )

[2] Traducción propia del inglés: “Psichological suffering is intrinsic to the human condition. The task of therapy is not to eliminate suffering but to give a voice to it, to find a form in wich it can be expressed. Expression is itself tranformation; this is the message that art brings.”

[3] Traducción propia del inglés:”Prinzhorn felt that spontaneus  art works of mental patients were “the eruptions of a universal creative urge (…) From de  autitstic conditions of psychosis, wondrous images emerged to accompany and guide the soul”.

[4] Traducción propia aproximada del inglés: “ In turning to the arts as healing, we are re-discovering an ancient tradition. In early societies and indigenous cultures, all healing takes place through  ceremonial means. Music, dance, song, story-telling, mask-making,   the creation of visual imagery and the ritual  re-enactment of myth ar all components of a communal process in wich suffering is given form”

[5] Cita completa Original en inglés: Though there are many phrases for the therapeutic relationship (patinet/therapist, clinet/counselor, analysand/analyst, client/facilitator, and the latest _ and by far, the most repulsive _ user/provider), none of these phrases accurately convey my sense of the therapeutic relationship. Instead I prefer to think of my patients and I as “fellow travelers”, a term that abolishes distinctions between  “them” (the afflicted) and “us” (the healers).(…) we are all in this together and there is no therpist and no person immune to the inherent tragedies of existence”.

[6]  Cita original en inglés: “ I try to avoid technique that is prefabricated and do best if I allow my choices to flow spontaneously from the demands of the immediate clinical situation. I belive “techique” is facilitative when it emanates from the terapists’s unique encounter with the patient.